MTC amplía por cinco años más permanencia de combis y cústers en Lima y Callao en medio de falta de reforma del transporte
El Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) aprobó una nueva ampliación para que combis, cústers y buses continúen operando en Lima y Callao hasta por cinco años más, una medida que vuelve a poner en debate el estancamiento de la reforma del transporte urbano y la permanencia de un modelo basado en unidades antiguas, pequeñas y atomizadas.
La medida recuerda otras ampliaciones aprobadas en los últimos años. En 2024, el MTC ya había autorizado que combis y cústers con más de 30 años de antigüedad permanezcan circulando en Lima y Callao. En ese momento, especialistas cuestionaron que unidades fabricadas entre 1990 y 2006 continúen operando pese a que el Reglamento Nacional de Administración de Transporte establece límites mucho menores para este tipo de vehículos.
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La decisión se da en un contexto en el que la capital sigue sin avances concretos en nuevas concesiones integrales de rutas para buses de gran capacidad, similares a los corredores complementarios o al Metropolitano. Mientras tanto, continúa predominando el esquema conocido como “comisionista-afiliador”, un sistema bajo el cual no existen relaciones laborales formales entre choferes, propietarios de los vehículos y empresas de transporte.
En la práctica, una misma ruta puede estar compuesta por decenas de unidades pertenecientes a distintos dueños, que operan bajo el nombre de una empresa autorizada. Ese modelo genera competencia entre vehículos de una misma ruta por captar pasajeros en las calles, sin frecuencias programadas ni control centralizado de flota.
“Lima y el Callao figuran entre las ciudades con mayores niveles de contaminación ambiental y congestión vehicular del mundo. En ese contexto, esta ampliación termina representando una prolongación del caos y la desorganización en el transporte urbano”, señalaron desde la Asociación A Movernos.
Según explicó entonces la Autoridad de Transporte Urbano (ATU), el argumento central era evitar un desabastecimiento de unidades y un incremento de la informalidad. La entidad sostuvo que retirar miles de vehículos sin un reemplazo inmediato podría afectar la oferta de transporte público en la ciudad.
Sin embargo, el debate reaparece porque la renovación del sistema sigue sin concretarse. El denominado Plan Regulador de Rutas, que busca reorganizar las más de 400 rutas de transporte urbano en Lima y Callao para pasar hacia esquemas de concesión, no presenta avances concretos.
Actualmente, los corredores complementarios y el Metropolitano continúan siendo una excepción dentro del sistema limeño. La mayor parte del transporte público convencional sigue operando bajo autorizaciones temporales y con vehículos de menor capacidad. En varias avenidas principales conviven buses, cústers y combis de distintas empresas sobre rutas similares, además de servicios informales.
En este esquema, los titulares de rutas suelen no contar con flota propia ni capacidad financiera suficiente. Por ello incorporan vehículos de terceros mediante convocatorias abiertas para operar en determinadas líneas. El resultado es un sistema fragmentado, sin control unificado sobre frecuencia, horarios o condiciones laborales de los conductores.
“Al estar el gobierno en su etapa final, esta medida parece más una forma de trasladar el problema a la próxima gestión que una solución de fondo. Sin embargo, la situación ya llegó a un punto límite y requiere ser abordada de manera inmediata”, añadieron desde A Movernos.
La discusión también aparece vinculada a la contaminación y seguridad vial. Informes internacionales sobre calidad del aire han ubicado al Perú entre los países con peores indicadores ambientales de América Latina, mientras que Lima figura recurrentemente entre las ciudades con mayor congestión vehicular del mundo.
Especialistas señalan que muchas de estas unidades antiguas presentan mayores emisiones contaminantes y menores estándares de seguridad para pasajeros. También recuerdan que varias de ellas continúan funcionando con motores diésel antiguos y sin tecnologías modernas de reducción de emisiones.
La situación se produce además en medio de cuestionamientos recurrentes a la falta de fiscalización y a las dificultades para retirar vehículos antiguos mediante programas de chatarreo. Aunque en años recientes se aprobaron normas para acelerar esos procesos, distintos especialistas han advertido que los mecanismos aún avanzan lentamente.
También taxis colectivos por otros 5 años
En paralelo, el Congreso también aprobó recientemente la ampliación de la vigencia del servicio de taxi colectivo por varios años más, una decisión que recibió críticas desde sectores vinculados a seguridad vial y planificación urbana. Diversos especialistas advirtieron entonces que la permanencia de servicios informales o semiformales dificulta consolidar sistemas integrados y ordenados de transporte público.
La coexistencia de combis, cústers y taxis colectivos continúa marcando el panorama del transporte limeño. En varias rutas, además, existen autorizaciones otorgadas tanto por Lima como por el Callao sobre tramos compartidos, una situación que arrastra problemas de superposición y fiscalización desde hace años.
Mientras tanto, los proyectos de transporte masivo avanzan a ritmos distintos. La Línea 2 del Metro continúa en construcción y la Línea 3 aún permanece en etapa de planificación. En superficie, el sistema de corredores complementarios mantiene problemas financieros y de competencia con servicios convencionales e informales.
“Estas postergaciones no hacen más que agravar el desorden y profundizar la crisis del transporte metropolitano”, sostiene la Asociación A Movernos.
La nueva ampliación aprobada por el MTC vuelve así a colocar sobre la mesa una discusión que Lima arrastra desde hace más de dos décadas: la transición pendiente hacia un sistema de transporte masivo basado en buses de gran capacidad, rutas concesionadas y flotas integradas, frente a un modelo fragmentado que continúa dominando buena parte de las calles de la capital.


